En nuestro intento de relacionarnos con estas personas muchas veces tratamos de comprenderlas. Intentamos empatizar.
Procuramos que es lo que hay en ellos de parecido a nosotras y hallamos estas ausencias, estas heridas, las infancias interrumpidas.
Convencidas por el sesgo cognitivo de que el que sufrió igual será igual y manipuladas por la hipnosis de seducción del love bombing, nos acercamos ilusionadas y convencidas de que si son como nosotras sanarán como nosotras.
¿Nosotras como sanamos? Con amor. Cuando nos dan amor del bueno, amor desinteresado y cuando nos devolvemos a nuestro centro y empezamos a respectar nuestros deseos propios y a decidir con nuestro propio criterio.
Peor nosotras estamos convencidas que el amor cura y entonces pensamos que, dándole comprensión y permaneciendo a su lado sin abandonarlo él se va a sentir bien, como nos sentiríamos nosotras.
Pero él no sana así bella. De hecho, es poco probable que le interese sanar.
A veces bella, no vale la pena amar como querrías ser amada ni entender cómo te gustaría ser comprendida. Porque no todo el mundo te merece, y tu amor y atención no es “un vaso de agua que no se le niega a nadie”. A veces todo lo que hay que hacer es irse, y dejarlos ahí, que ardan.
Por cierto, quizás a ti te vino bien que alguien alguna vez te haya ayudado a escapar de las garras de tu mama o papa… Pero ni se te ocurra que lo puedes ayudar a él a hacer lo mismo.
Su relación con su mama es mucho más complicada y simbiótica, y es poco probable que le interese cambiar esa dinámica patológica. Estos seres no quieren mejorar, quieren seguir en su vida de vínculos poco sanos e irlos reemplazando por otros y saltando de unos en otros. Y con la madre, On/off, On/off, o sea, a veces la ama a veces la odia. Se pelea tan solo para volver. Olvídate que alguna vez vaya a soltar eso.
No aguantes nada. Ándate!
Ese es el mejor consejo que puedo darte y será el título de uno de mis nuevos workshops.
Estate atenta.
El Síndrome de Estocolmo, podría resumirse de modo muy breve, como un enamoramiento que la víctima de un rapto o cautiverio desarrolla con su captor o carcelero como objeto de amor, de modo defensivo ante una amenaza extrema (la de estar a merced de su captor) para lograr sobrevivir a esa situación sin que su mente se fracture o se enferme. Quise definirlo de modo simple. Esto es lo más simple que me salió… Por suerte casi todas conocemos el término, aunque más no sea a través de la bella Estocolmo enamorada de su Denver en la Casa de papel. Pero lo voy a explicar con una historia, la misma historia del síndrome de Estocolmo. ¿Vieron la serie de Netflix CLARK? Está basada en la vida del estafador (totalmente narcisado y psicopatado) Clark Olofsson. Pues justamente este señor es quién inaugura el síndrome que hoy discutimos. Una de sus muchas fechorías, tiene lugar en la Ciudad de Estocolmo, donde durante un asalto a un banco, nuestro carismático Clark mantiene varias víctimas en ...

Comentarios
Publicar un comentario